āEscuelita de la aceraā para niƱos migrantes durante pandemia
- casascalabrini
- 5 mar 2021
- 3 Min. de lectura
Mientras familias de migrantes estÔn varadas en México, en estos espacios los menores continúan su educación; mediante tabletas y Zoom se imparten clases.
Todo empezó de una forma muy sencilla, con una escuelita improvisada en la calle, en la que se enseƱaba a leer, escribir, matemĆ”ticas y arte a chicos centroamericanos que vivĆan en un campamento para personas que quieren asilarse en Estados Unidos, varadas en la frontera, en territorio mexicano.

Igual que tantas otras escuelas, esta āescuelita de la aceraā tuvo que apelar al Internet al surgir la pandemia del coronavirus. En lugar de sufrir con el cambio, la escuela creció y contrató a una veintena de maestros ātodas personas que buscan asiloā para dar clases vĆa Zoom a los niƱos centroamericanos del campamento y tambiĆ©n a los de varios albergues y departamentos para migrantes de otras partes de MĆ©xico.
Maestros y estudiantes recibieron mÔs de 200 tabletas de Amazon que les entregó The Sidewalk School for Children Asylum Seekers. La organización fue fundada por Felicia Rangel-Samponaro, quien vive del otro lado de la frontera, en Brownsville, Texas, y la cruza constantemente para llevar comida y libros a las personas que buscan asilo.
Rangel-Samponaro, de 44 aƱos, dijo que para comprar las tabletas usó dinero propio y recaudó fondos, incluso a travĆ©s de una campaƱa de GoFundMe. Indicó que sintió que debĆa hacer algo porque el gobierno estadounidense habĆa trastornado la vida de los que buscan asilo.
āEste es un problema de Estados Unidosā, expresó. āNosotros creamos esto. Somos los que permitimos que esto continĆŗe. Esto es responsabilidad de los ciudadanos estadunidensesā.
Una polĆtica del gobierno del expresidente Donald Trump obligó a las personas que buscan asilo a esperar del lado mexicano de la frontera que las autoridades estadounidenses procesen sus solicitudes. Miles de familias centroamericanas viven en carpas o albergues mexicanos. En el pasado, se permitĆa a las personas que pedĆan asilo permanecer en Estados Unidos, con familiares u otros patrocinadores, a la espera de que se procesaran sus pedidos.

Muchos llevan mÔs de un año esperando, con sus vidas en un limbo. Y las esperas se agravaron cuando el gobierno estadunidense suspendió las audiencias del servicio de inmigración relacionadas con los pedidos de asilo debido a la pandemia.
Las clases dan a los chicos no sólo la oportunidad de no retrasarse sino tambiĆ©n les permite distraerse, evitando el aburrimiento de los dĆas inacabables en el campamento.

Un viernes reciente por la maƱana, Gabriela Fajardo dictó una clase vĆa Zoom sentada en un balde invertido en un pasillo de un pequeƱo edificio de departamentos copado por personas que buscan asilo, que han conseguido trabajos que les permiten irse del campamento de Matamoros y pagar un alquiler. Se habĆan conectado varios niƱos centroamericanos que estĆ”n viviendo en Ciudad JuĆ”rez, unos 1.315 kilómetros (830 millas) al oeste de la frontera con Texas.
Recuerden, āhelloā quiere decir āholaāā, le dice en espaƱol a un chico llamado Jeremy, pronunciando las palabras cuidadosamente, con su tableta apoyada en una mesa de madera. āāGood morningā es ābuenos dĆasā. TendrĆ”n que hablar inglĆ©s allĆ (en Estados Unidos) porque si no, nadie los va a entender en espaƱol, solo su madreā.
āPor eso comparto con ustedes lo poco que sĆ©ā, expresó esta mujer hondureƱa de 26 aƱos, que estĆ” varada en MĆ©xico, lo mismo que sus alumnos.
El muchacho le dio una respuesta entusiasta. āOK, entonces aprenderĆ© inglĆ©s. Tengo que halar en inglĆ©sā, le dijo, aunque todavĆa hablando en espaƱol.
Fajardo soltó una gran sonrisa y siguió con la clase.
La hondureƱa es una maestra de escuela primaria que se fue de su pueblo con su hijo despuĆ©s de recibir amenazas porque su hermano es un policĆa. Ya lleva un aƱo y cuatro meses en MĆ©xico, esperando que Estados Unidos procese su solicitud de asilo.
El poder enseñar, que es su pasión, le hace sentirse útil. Dijo que le molesta ver que los niños no pueden estudiar.
āNoto que hay chicos ya creciditos que no saben nadaā, comentó. āUn chico necesita empezar a aprender a leer y matemĆ”ticas a los seis aƱosā.
Fajado se fue de su paĆs en busca de una vida mejor para ella y su hijo.

Pero mientras espera en esta ciudad fronteriza plagada de delincuencia, se siente agradecida de poder dar clases a tantos niƱos cuyo futuro es incierto.
En la universidad me enseƱaron que la razón por la que hay que recibir una educación es para poder educar a otrosā, expresó. āEso me alientaā.
ArtĆculo tomado de El ExcĆ©lsior


