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La poco explorada relación entre corrupción, desesperanza y migración

La migración ha sido estudiada por años bajo la óptica de la desigualdad y la violencia. Si bien estos son factores que inciden en gran medida en la decisión de emprender el camino de los migrantes, se ha pasado por alto la corrupción y la debilidad institucional para combatirla como generador de las condiciones que producen desesperanza entre los habitantes del Triángulo Norte centroamericano.

El persistente fracaso de los gobiernos centroamericanos, impulsado en gran parte por la corrupción, produce una sensación de desesperanza entre los ciudadanos de la región que contribuye a su decisión de migrar y la impulsa. Tradicionalmente, no se ha estudiado si la corrupción y la forma en que contribuye a crear desesperanza son motores de la migración. La hipótesis de nuestra investigación es que al remediar la corrupción y la debilidad en la gestión pública para combatirla crea un contexto nacional en el que los individuos pueden ver un futuro en su propio país.

Según encuestas, tanto de expertos como del público general, la corrupción gubernamental y la percepción de corrupción son generalizadas y endémicas en Guatemala, Honduras y El Salvador. La debilidad de la gestión pública puede ser el resultado de una mala planificación, la falta de recursos y la limitada capacidad de la fuerza de trabajo, pero, en muchos casos, también es el resultado de la corrupción. Si bien se necesita más investigación, el mensaje de los estudios citados sugiere que la corrupción puede ser un motor directo e indirecto de la migración.

Los autores de los estudios citados a continuación identifican la desesperanza como una variable que contribuye a la migración desde el Triángulo Norte. Dado que se han realizado pocas investigaciones en esta área, se consideran variables sustitutivas (proxies), como el bienestar subjetivo. La esperanza, el optimismo y el bienestar subjetivo son conceptos basados no sólo en la experiencia personal, sino en la interacción y las percepciones de la sociedad en general. La experiencia personal con la corrupción endémica puede contribuir a un sentido de desesperanza.

Los autores sostienen que la corrupción endémica (o fija) en Centroamérica, y la destrucción de mecanismos para controlarla, socavan la confianza de los pueblos en el Gobierno y contribuyen a la falta de esperanza de que sus vidas puedan mejorar.


Fotografía de Victor Peña.


Corrupción y migración

Si las experiencias de abuso y percepciones de corrupción ponen en duda la legitimidad del Gobierno, ¿cuál es, entonces, la conexión entre la corrupción y las intenciones de migrar? Si bien esta pregunta no ha sido ampliamente investigada, especialmente para el Triángulo Norte, hay varios estudios realizados en otras partes del mundo que comienzan a sugerir un vínculo.

Un estudio de 2013 publicado por el Centro de Economía Internacional, titulado El efecto de la corrupción en la migración, 1985-2000, recopiló datos relevantes para 111 países. Encontró que: "Pruebas sólidas indican que la corrupción es uno de los factores que impulsan la migración, especialmente estimulando la migración de personas calificadas". Es decir, la huida del talento humano profesional.

Un estudio de 2017 publicado por la Agencia Alemana de Cooperación Internacional (GIZ, por sus siglas en alemán), intenta establecer un marco teórico para explicar el vínculo entre la corrupción y la migración. La investigación se basa en dos estudios de caso, ambos en África, aunque se presume que los hallazgos son de relevancia más amplia. Encontraron que la influencia indirecta de la corrupción en la migración era mucho más fuerte que los vínculos directos. Indirectamente, la corrupción tenía impacto en muchos aspectos de la seguridad humana (por ejemplo: la salud, los alimentos, el medioambiente, la economía, etc.) y, por lo tanto, puede subyacer a muchas razones para la migración.

En 2015, un estudio publicado por el Grupo de estudio de la migración regional encontró que:

El deseo de mudarse al extranjero a menudo es impulsado por la falta de fe en las oportunidades locales. Si se percibe que la corrupción y el nepotismo socavan la meritocracia, es una reacción plausible buscar oportunidades en otros lugares, especialmente entre las personas altamente calificadas. Este efecto directo en las decisiones migratorias individuales se suma a los impactos indirectos negativos de la corrupción en la economía o en la seguridad. La corrupción generalizada puede obstaculizar el desarrollo económico y socavar el Estado de derecho. La pobreza y la inseguridad resultantes pueden a su vez estimular el deseo de irse.

Con un énfasis más específico para Centroamérica, el Centro para el Progreso Estadounidense publicó un artículo en 2019 que encontró que:

Una combinación de retroceso democrático, profundización de la corrupción y captura del Estado, e instituciones débiles, ha significado que las élites nacionales y regionales de Centroamérica y México no están interesadas y no están dispuestas a invertir en programas sociales, emprender reformas de ley y justicia muy necesarias y ayudar a las comunidades golpeadas por el cambio climático a manejar patrones climáticos erráticos y la pérdida de cosechas agrícolas. Esta impunidad generalizada y la indiferencia han sembrado desesperanza en sociedades que ya luchan contra altos niveles de violencia y mucho desempleo. La desesperación y el pesimismo resultantes han contribuido a altos niveles migratorios incluso en países donde los niveles de violencia han mejorado en los últimos años, por ejemplo, Honduras, donde los flujos migratorios han aumentado a pesar de que los homicidios han disminuido significativamente desde 2016.

Si bien para llegar a conclusiones definitivas se deben llevar a cabo más investigaciones en Centroamérica, el mensaje de los estudios citados sugiere que la corrupción puede ser un motor directo e indirecto de la migración. Dadas las elevadas percepciones de corrupción en el Triángulo Norte, las investigaciones serias sobre redes de corrupción incrustadas en muchas instituciones gubernamentales, incluidas las legislaturas de Guatemala y Honduras, e incluso entre los jefes de Estado de los tres países, no es de extrañar que la confianza pública en el Gobierno sea baja. Como le dijo una madre hondureña a uno de los autores en un refugio de migrantes en el sur de México: "No tengo fe en que el Gobierno resuelva ninguno de nuestros problemas. Todos los días oímos hablar de corrupción al más alto nivel de nuestro Gobierno. Los políticos no van a mejorar las cosas. Sólo quieren robarnos".

Desesperanza, bienestar subjetivo y migración

En los últimos años han aumentado las investigaciones académicas que intentan medir la felicidad y el bienestar subjetivo, al mismo tiempo que nuestra comprensión de cómo estos conceptos difíciles de medir afectan la toma de decisiones y la eficacia de las políticas públicas.


Fotografía de Reuters.


La desesperanza es el término que los autores de los estudios revisados para este texto han elegido para describir el sentimiento reflejado en entrevistas individuales con migrantes. El diccionario Merriam-Websterdefine la desesperanza como, "no tener expectativas de algo bueno o de éxito". Además, esa desesperanza "sugiere desesperación y el cese del esfuerzo o la resistencia, y a menudo implica aceptación o resignación".

Dado que los sentimientos de desesperanza no han sido el foco de las encuestas de migración, los autores han tratado de encontrar variables sustitutivas para este concepto en el trabajo académico. Algunos estudios han evaluado la felicidad y la desesperación en relación con la migración, pero este campo de investigación es nuevo. Gran parte del trabajo existente mide la felicidad después de la migración, tratando de averiguar si la migración aumenta la felicidad.

La investigación de Carol Graham y Julie Markowitz, titulada Aspiraciones y Felicidad de potenciales inmigrantes latinoamericanos, fue un intento temprano (2011) de examinar el tema de la felicidad y la migración en América Latina. Se basa en las preguntas del Latinobarómetro sobre la "intención de migrar" como sustituto de la migración real. El estudio concluyó que "el perfil de los emigrantes latinoamericanos proporcionado sugiere que no están satisfechos con su situación actual antes de migrar, más allá de consideraciones de nivel de riqueza, miedos al desempleo y sentimientos de inseguridad (como ser víctimas del crimen)". Esto es relevante porque apoya "la hipótesis de que la infelicidad impulsa la migración" y sugiere que la felicidad o la esperanza probablemente se basan en factores más allá de la experiencia personal individual.

En 2018, Carol Graham y Julia Ruiz Pozuelos realizaron una encuesta sobre los sentimientos de esperanza entre adultos jóvenes en Perú. Encontraron que los jóvenes tenían un alto nivel de optimismo a pesar de haber experimentado un shock negativo, como ser víctimas de robo, un padre que se iba de casa o una enfermedad familiar. El optimismo de los jóvenes adultos parecía basado en algo más que su experiencia personal con dificultades, se basaba, más bien, en factores sociales o de interacción más amplios, en este caso factores positivos.

Otro concepto relevante para la intersección entre migración, la gestión pública y la corrupción es el bienestar subjetivo, generalmente considerado como medida de felicidad. El bienestar subjetivo trata de evaluar cómo se siente la gente sobre su vida. Se basa en la felicidad o la satisfacción de la vida. Este campo de estudio ha adquirido relevancia política "entre investigadores, políticos, oficinas nacionales de estadística, medios de comunicación y público. El valor de esta información radica en su contribución potencial al seguimiento de las condiciones económicas, sociales y de salud de las poblaciones y en la posible información de las decisiones políticas en todos estos ámbitos," dicen los autores Arthur A. Stone y Christopher Mackie. Es una forma de analizar y medir la intersección entre la experiencia a nivel individual y social.

Un estudio de 2014 sobre migración internacional y bienestar subjetivo, que no era específico para la problemática de Latinoamérica, encontró que "individuos con bienestar subjetivo más alto tienen menores deseos de migrar internacionalmente. A nivel individual, la relación bienestar subjetivo-migración parece ser más sólida que la relación ingresos-migración”. Esta área es de interés a seguir investigando en las Américas.

Los factores que tradicionalmente se consideran motores de la migración –la experiencia personal con la delincuencia, la violencia y la falta de trabajo– son sólo una parte de la compleja interacción de factores que conducen a la migración. La esperanza, el optimismo y el bienestar subjetivo son conceptos que se forman basándose no solo en la experiencia personal, sino también en la interacción y las percepciones de la sociedad en general. Si bien el trabajo realizado hasta la fecha es insuficiente para establecer correlaciones directas, sí muestra posibles vínculos entre la corrupción y la migración. Sugiere firmemente, además, que podemos aprender más sobre estas dinámicas.


Articulo tomado de elfaro.net

https://elfaro.net/es/202104/ef_academico/25399/La-poco-explorada-relación-entre-corrupción-desesperanza-y-migración.htm


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